Caso de éxito: Animal Center - Cúcuta
Cuando Wilmer Páez, médico veterinario y propietario de Animal Center junto a su esposa la Doctora Marisol, nos llamaron, tenía claro lo que quería: que su clínica veterinaria en Cúcuta estuviera a 22 °C. Con más de 25 años de experiencia en el cuidado de mascotas y un espacio de aproximadamente 1.200 metros cuadrados, Wilmer estaba convencido de que a esa temperatura sus clientes estarían más cómodos.
El problema fue lo que le habían propuesto antes de conocernos.
El desafío: muchos equipos, cero certeza
Wilmer ya tenía una cotización encima: 16 cassettes de 60.000 BTU para cubrir los 1.200 m² de la veterinaria. Algo que en este sector es normal — las empresas de aire acondicionado quieren vender equipos y más equipos. Pero esos 16 cassettes necesitaban un transformador de energía, y Wilmer ya lo tenía cotizado. Además, estaba pensando en montar paneles solares para soportar el consumo de los aires.
Y aquí está lo grave: nadie le había dicho cuánta energía iba a consumir ese sistema. Nadie. Le ofrecían equipos, pero no le daban un número. La gente piensa en paneles solares porque quiere bajar el recibo, pero nunca les dicen cuánto van a consumir en kWh para que revisen si es negocio o no. ¿Tú has hecho cálculos de inversión versus lo que vas a consumir, o compraste los paneles después de recibir el primer recibo sin saber por cuánto iba a llegar?
Eso es lo que pasa cuando no hay ingeniería detrás de una propuesta.
Nuestra propuesta: menos equipos, más diseño
Le hice una pregunta: si pudiéramos climatizar tu local de 1.200 m² sin transformador, utilizando materiales aislantes y un sistema de aire acondicionado más pequeño, ¿te suena? Me miró y no lo podía creer.
Le expliqué que si él montaba los aislamientos que yo le iba a recomendar, nosotros desarrollaríamos un diseño que solo consumiera 69.225 kWh al año. Con eso no necesitaría transformador, y ese valor quedaría en el contrato. Si el sistema consumía más, nosotros le devolveríamos el excedente.
Wilmer me preguntó cómo sabría si le cumplimos o no. Y la respuesta es sencilla: él instala un contador de energía testigo en el tablero eléctrico de los aires, tomamos la lectura cuando el sistema arranque a funcionar, y en un año revisamos cuántos kWh marca ese medidor que él mismo instaló. Si está por encima de lo que dice el contrato, le pagamos el excedente. Eso queda en el objeto del contrato y lo cubren las pólizas de cumplimiento.
Nadie se somete a eso. A todos les da miedo comprometerse con un consumo. Y siempre el cliente termina pagando los errores del contratista.
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El resultado: un contrato inteligente de verdad
Pasó el año. Revisamos el contador testigo y marcó 83.641 kWh. El compromiso contractual era 69.225 kWh. Es decir, el cliente pagó 14.416 kWh de más. A 1.000 COP cada kWh, eso son 14.416.000 COP. En un contrato convencional, ese dinero lo pierde el cliente. Pero como es contrato inteligente, lo perdimos nosotros.
Nos reunimos con Wilmer y le propusimos dos opciones: le transferíamos el dinero a su cuenta, o le dábamos tres años más de mantenimiento y reparaciones incluidas. ¿Qué creen que escogió? La segunda. Se llevó tres años sin costo de mantenimiento y reparaciones.
Hoy Wilmer lo dice en sus propias palabras: el sistema funciona muy bien, es estéticamente bonito, el mantenimiento siempre es exterior (algo fundamental para una clínica veterinaria) y sus empleados están cómodos, contentos y son más eficientes en su trabajo.
Eso es un contrato inteligente. Y eso es lo que hacemos en INGENIN.
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